DÍA -12. Ciudad Real y los alfabetos malditos

Apurar los días que me quedan en España en casa tranquilo no está tan mal como pensaba. La verdad es que hacía tiempo que no estaba en el hogar familiar tranquilamente sin más preocupación que la de cumplir mis funciones vitales básicas: Comer, dormir…y ya. Eso de no tener que pensar en qué te vas a cocinar, estar pendiente de lavadoras y de si te queda o no leche es genial. Incluso si me apuras, es la primera vez que no tengo cosas pendientes, no me ha ido mal en la carrera, pero he revalidado mi título de “chico Septiembre” varias veces. Demasiadas.200_s

Un profesor de proyectos que tuve decía que cada ciudad tiene su velocidad y se quejaba de que Granada es tranquila de más, pero Ciudad Real es absolutamente “caracolesca”. Y yo, después de llevar un par de semanas aquí me he adaptado a esa velocidad y soy incapaz de hacer NADA. Así que aquí estoy luchando contra mi propia vagancia supina incluso para escribir un poquito.

Todos con nuestra ciudad de origen, donde nos hemos criado, tenemos una especie de sentimiento de deber, como si fuera un familiar, pero con Ciudad Real me pasa una cosa bastante particular.

Ciudad Real, donde he nacido y me he criado, es una ciudad de 75.000 habitantes, situada en el punto exacto donde la gente se queda dormida en el trayecto entre Despeñaperros y Madrid. Es una ciudad militar de 750 años sin casco histórico, sin murallas, sin alcázar ni Corte Inglés (os sorprendería la cantidad de gente que mide la importancia de las ciudades por el tamaño de su Corte Inglés).

 

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Palza_del_Ayuntamiento -Segundo ayuntamiento de Ciudad Real, construído en la segunda mitad del S.XIX                       -Ayuntamiento de Fernando Higueras (1976)

Nos creemos capital de provincia, y somos un barrio más de Madrid. Tenemos una catedral que es a la vez románica, gótica y renacentista, pero no es ni siquiera la que tiene la nave más ancha de España. Justo al lado de esta catedral se sitúa la Casa de la Cultura de Fisac, la primera obra con pretensados del autor, totalmente abandonada. Tenemos dos casas renacentistas, un par de conventos e iglesias, cinco edificios del XIX y principios del XX pese a que el centro al completo era modernista (no excesivamente lujoso, pero modernista).

Lo peor que le pudo pasar a Ciudad Real fue modernizarse. Se derribaron las murallas y sus puertas medievales, se sustituyeron los edificios preexistentes por bloques de ladrillo visto y monocapa de muchas plantas y se derribó el Ayuntamiento para que Fernando Higueras construyera una aberración brutalista de la que hasta él mismo se burlaba. Tuvimos un equipo de balonmano que ganó todos los campeonatos habidos y por haber, pero que se llevaron a Madrid cambiándole el nombre por “Atlético de Madrid” (¿Habéis visto el capítulo de los Simpsons de los Isótopos de Albuquerque? Pues eso). También tenemos un aeropuerto en el que se han invertido mil millones de euros, y que solo vale para rodar spots publicitarios y pelis de Almodóvar. Ah, también tenemos unos silos magníficos, que también están abandonados.

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Vista de la muralla y la puerta de Toledo. De esta imagen solo queda la puerta en mitad de una rotonda.

Soy de una ciudad sin pasado, sin presente y probablemente sin futuro, sin embargo no puedo evitar volver, porque pese a todo, vivir se vive bien. He podido jugar en la calle, he ido al pueblo vecino en bici, estoy cerca de todo y no falta de nada. Hay parques, plazas, tiendas y un buen puñado de bares que merecen la pena. Solamente cuando cumplí los 18 se me quedó pequeña, pero por suerte coincidió con el éxodo estudiantil (y es que poca gente se queda aquí a estudiar, pese a que hay bastantes titulaciones). Esto tiene su lado malo, y es que cada vez que vengo y no coincido con mis amigos el tedio es insufrible.

Con lo cual tengo un dilema: No se si me gusta o no me gusta volver, porque yo aunque ya no soy de aquí, soy de aquí. Me alegra y me cabrea volver, no puedo evitarlo. Y a todo este pimpinelismo añadidle que echo de menos Granada. Mindblown total.

Pero bueno, para no pensar en ello demasiado me entretengo intentando aprender los alfabetos japoneses, que son de traca. Porque los japoneses tienen tres alfabetos, dos silábicos y otro de ideogramas traído directamente del seno de Satán.

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El “hiragana” es el alfabeto silábico japonés original, cuesta acostumbrarse a tanto palito bailando pero es asequible. El “katakana” suple todas las carencias silábicas del “hiragana”, que son un mogollón, especialmente para neologismos. Es un poco más rígido que el hiragana, pero bueno, sílabas al fin y al cabo. Y entonces cuando más o menos controlas las sílabas, aparecen los Kanji, que son la muerte verbalizada. Ideogramas, miles, por todas partes, con muchos palitos al tun tun, que se supone que significan cosas. Difícil es poco para describir estos símbolos, que se leen diferente según en que situaciones.

Pero lo peor de todo es que los tres alfabetos SE MEZCLAN indiferentemente, como una ensalada silabas e ideas. No me quiero imaginar lo que debe ser leer la parte de atrás de un bote de champú japonés. Menos mal que todavía tengo 12 días para aprender a decir “Tengo hambre”, “Me echaron droja en el colacao” o “Si me encuentran perdido devuélvanme a mi madre, gracias”. Deseadme suerte.

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