DÍA 25: Luftwaffe, caracolas y 8-bit. La mayor aventura es tirar la basura.

Ya casi se va a cumplir un mes desde que llegué a Japón y aún sigo sin entender como mi mayor enemigo cultural pueden ser los contenedores de basura.

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Que no, que no lo entiendo.

Entenderse con un japonés es relativamente fácil, son muy expresivos y serviciales, y harán lo posible por ayudarte, orientarte en el metro también es fácil cuando pasas unas semanas, pero a los contenedores de basura no los trago. Supongo que en una ciudad con 34 millones de habitantes el problema de los desechos es bastante mayor y que no es suficiente con separar dos o tres cosas. Y es que en Japón para tirar la basura tienes un horario, y unos días determinados de recogida, como en algunas ciudades de Europa, pero a esto se suma que tienen cuatro tipos diferentes de contenedores: Uno para basura combustible, otro para plásticos en general, otro para botellas de plástico y otro para latas. IMG_0651 Con un simpático panfleto te explican lo fácil que es tirar la basura en 500 sencillos pasos, con perlas como “la malla blanca que envuelve algunas frutas también tiene su contenedor, aunque a ti no te importe”, “lava los envases PET antes de tirarlos, que está feo tirarlos con la mugre de la cocacola” o “A las cajas de cartón mejor les aplicas el comando UNFOLD y les pones una guita, que si no, no te las cogemos”. Además de los típicos gazapos ortográficos, claro está. Lo más curioso de todo este ajetreo de desechos es que las papeleras en los espacios públicos brillan por su ausencia, es decir, te comes un miserable onigiri, y el paquetito de plástico te lo llevas de vuelta a casa y lo tiras, además del ticket y la bolsa de plástico de la “convenience store”. Y claro, como te pases el día fuera, de souvenir te traes un bonito catálogo de polipropilenos.

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*metáfora

Además de todo este panteón de la roña, las bolsas (que por cierto tienen que ser blancas transparentes Y NO VALEN OTRAS) se meten dentro de unas redes anti-cuervos. ¿Por qué? Porque la ciudad está arriba de ellos. ¿Habéis visto alguna vez una ciudad portuaria sin gaviotas? Pues Yokohama no tiene ni una. En lugar de estas, hay bandadas de cuervos que patrullan la ciudad y que se comen lo que a ti tanto esfuerzo te ha costado separar. Son pájaros preciosos, pero he de reconocer que les tengo cierto respeto, especialmente por su tamaño, y por sus aullidos que a veces parecen humanos. No se que clase de artimaña emprenderían para expulsar a las gaviotas, pero desde luego aquí son los que dominan los cielos.

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¡No! ¡mi basura combustible!

Bueno, siendo realista tampoco los dominan, porque justo debajo en la escala jerárquica aérea se sitúan los bichos japoneses, que son como la Luftwaffe del mundo de los insectos. Estos monstruos pese a ser simples abejorros o mosquitos tienen un tamaño descomunal, lo suficiente como para medirlos en palmos. Además estos insectos son el apoyo aéreo de otros insectos de tierra tales como arañas, gusanos o cucarachas, que son los que se dedican a hacer la verdadera wehrmacht cuando empieza a apretar el calorcito para apropiarse de tu preciada basura combustible. Pese a los incidentes diplomáticos con las papeleras y los bichos, el resto de estos veinte días han sido bastante provechosos. Estoy por mi cuenta atendiendo a un máster de renovación urbana al que pude acceder gracias a Hiroto mientras aprendo idiomas con el programa de intercambio. Estamos proyectando una obra muy simplona de reforma, aunque lo verdaderamente importante es la gente que estoy conociendo en el taller y todo lo que entre todos (porque me tienen bastante mimado, todo sea dicho) me están enseñando: Desde el Japón de barrio, hasta libros sobre construcción japonesa. Además hace unos días pude ver la inauguración de una carpa efímera, obra nacida a raíz de jugar durante meses con una maqueta y con una forma de construcción que jamás había visto antes. IMG_20150416_162802 La “caracola” de Kazuhiro Kojima, es un elemento que se despliega y utiliza la propia tela plástica como una estructura espacial triangulada en tensión. Rápida, impermeable y fácil de montar, una obra del bolsillo de un profesor, donde los alumnos construyen, montan y desmontan, básicamente todo un ejemplo de trabajo y aprendizaje en una escuela de arquitectura. Allí estábamos todos cerveza en mano, disfrutando como enanos de un sitio tan especial. IMG_20150416_163105 IMG_20150416_172453 Por lo demás confieso que he cometido un pecado de “Erasmus” bastante grave. He ido tres veces a Tokio, TRES, y solo he estado de noche y de fiesta. El poder de los karaokes es inconmensurable. Eso si, he podido ver Shibuya con todas las luces encendidas y cruzar como uno más esa magnífica calle. Es La Urbe (¿notáis el énfasis?), luces, música, coches, gente, todo entremezclado provocándote microataques epilépticos cada vez que pasas por una tienda o un garito. De hecho una de las noches estuve con amigos en un par de lugares increíbles. El primero de ellos, el 8-bit café.

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©Kirainet.com

Este café está en uno de los gigantescos edificios del centro de Tokio, al que se accede por una escalera estrechísima. Pero esta escalera es una auténtica “Stairway to Heaven” que lleva al paraíso geek, ya que al entrar, todo está lleno de elementos 8-bit, hasta los posavasos. De hecho tienen varias videoconsolas, así que puedes tomarte un cóctel Dr. Mario mientras juegas a la SNES, y por supuesto música vaporwave ochentera. Lo más de lo más. En este post de “A geek in Japan” podéis verlo con todo detalle. El segundo sitio reseñable de aquella noche fue la Lonja de Tsukiji, donde del pescado recién cogido te sirven el mejor sushi del universo. Llegamos un poco tocados, pero el pescado nos revivió. Estuvimos en una cola en la que habría 30 personas y el tiempo de espera era de nada menos que seis horas, pero nos dimos por vencidos al rato y acabamos en un Sushizanmai, que también tenía pescado del día. ¡Y que sushi! tres tipos de atún, anguila, huevas…Casi lloro de la emoción y de wasabi, porque los pedimos TODOS con picante, error de novato. Jamás he comido un sushi mejor, y encima bien de precio, pienso repetir y aportar documentos gráficos, porque en el momento andaba un poquito perjudicado. A la vuelta, de camino a la estación ¿a que no sabéis con que me crucé?

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©Tokiotimes.com

¡Exacto, la Nagakin! No pude acercarme a verla como es debido pero parecía estar hecha polvo, y según me han contado por dentro está peor aún. Aún así no quiero quedarme con las ganas y tengo pendiente visitarla a fondo, al igual que muchos otros lugares, que tengo anotados en este mapa y de los que pienso hablar dentro de poco. https://instagram.com/p/1xmrknwnzV/

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