DÍA 49: Cicloturismo, biblioteca y tejicidios.

Los que me conocen bien saben que jamás he sido una persona activa en lo que al deporte se refiere, es más, jamás he sido aficionado a ningún deporte, pero lo mejor que he podido hacer desde que vine a Japón, ha sido conseguir una bicicleta

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Esta es mi bicicleta (じてんしゃ en japonés), un cacharro plegable (¿en que momento a alguien se le ocurrió que este tipo de bici podía ser plegable?) heredada de un nepalí, y que conseguí sin gastarme un solo yen gracias a las señoras de la portería, que son las japonesas más majas del distrito de Kanagawa.

Sin embargo este tipo de bicis, las chatarrountain bike, no son las más corrientes, las más abundantes son las “mamacharis” osease, las bicis de mamás. Estas bicis son la comodidad con mayúsculas: guardabarros, luces con dinamo, marchas, cestas, pata de cabra y candado incorporado…y todas sin excepción rechinan horriblemente al frenar. Además esta bicicleta es lo más barato que hay, así que o llevas una mamachari, o llevas una Bianchi de carreras, el resto de bicis son minoría en Yokohama. (Si queréis saber más sobre las mamacharis en V de Vigueras Ana os cuenta su experiencia con una de ellas)

https://instagram.com/p/vtShZown1U/

Sin embargo mi historia de amor con las bicicletas viene de antes, justo de Octubre del año pasado, cuando andando por la calle me paré en un paso de cebra junto a un chatarrero que llevaba en su carro, entre otros trastos, una bicicleta antigua. Gracias a Juanjo Tenorio, compañero de fatigas, cervezas y bizarrismos, desmontamos, limpiamos, arreglamos y volvimos a montar aquella belleza para que volviera a trotar por la carretera. Y durante 5 meses la utilicé prácticamente a diario, tanto para ir a la escuela, como para salir, haciendo ejercicio, y ahorrándome un dineral en transporte público (Transportes Rober, no es por ti, es por mi)

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Transportes Rober cuando se enteró de que usaba bicicleta (*dramatización)

Pero dejé Granada y con todo el dolor de mi corazón le cedí temporalmente la bicicleta a Juanjo antes de venirme a Japón. Una ventaja bastante obvia de ir a todos lados en bicicleta es que esta me permite ver sitios de la ciudad que en el metro, el único medio de transporte público que domino, me pierdo, con lo cual soy dueño de las direcciones que tomo más allá de limitar mis movimientos a sencillas paradas de alicatado y caracteres infernales.

Después de pasar algo más de un mes aquí me he dado cuenta de que mi dinero se está esfumando como por arte de magia, así que he decidido pasar del turismo capital al local. Ir a Tokio no es muy caro, pero claro, todo depende de lo pobre que seas de como andes económicamente. 5€ es más o menos lo que cuesta ir y venir a Shibuya, pero si quieres permitirte algún lujo como usar el metro, hacer un trasbordo, tomarte una cerveza o comer (lujazos, eh) la cosa puede irse un poco de madre. Así que estos días he estado conociendo algo mejor la ciudad de Yokohama y sus alrededores. Como ya conté en el anterior post, fuí a Kamakura pedaleando, así que esta vez me he dirigido al norte, donde está el centro de la ciudad.

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Mis rutas en bici. Cosa fina.

Como se puede ver, no me he cortado un pelo pedaleando, y a lo tonto llevo hechos algo más de 150km de bici en el mes que he estado aquí. Muchas veces repito estas rutas y hago pequeñas variaciones para ver calles que no conozco, pero llegar al mismo sitio, como es por ejemplo la universidad (a clase tengo que ir si o si).

Sin embargo voy a hablar de dos sitios que he incluido entre mis favoritos: Archiship y Sankeien.

Hace una semana finalizamos el trabajo en grupo del máster en el que estaba de oyente, así que terminé con todo lo que tenía que ver académicamente con arquitectura para dedicarme al curso de japonés Además tuve una crisis de personal laboral un tanto curiosa, (en The AAAA he escrito una cosita al respecto que saldrá en unos días) porque no quería hipotecar el poco tiempo que tengo aquí de esclavo becario en un estudio, pero tampoco quería dejar la arquitectura de lado, porque es lo que verdaderamente me gusta.

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Vista parcial de la biblioteca, a la derecha tienen más libros aún. ©Arts Commission Yokohama

Y justo cuando me planteaba estas cosas, y me debatía entre hacer y no hacer un portfolio, una conocida de la Y-GSA me habló de un estudio de arquitectura que se salía fuera de lo común. Este estudio ocupa dos plantas, en el bajo, es una inmensa biblioteca recopilada a lo largo de 30 años, donde por 200円 (1’5€, de lo más barato que he visto aquí) puedes pedirte un café, un té verde, o un zumo de naranja y coger uno de los más de mil volúmenes que tienen.

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¿Veis los ejemplares de “El Croquis”?

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El libro lo tienes que leer allí, pero el ambiente es inmejorable: Jazz, café, madera y un buen libro. Así que he decidido hacer de la biblioteca una “asignatura” e ir allí un puñado de veces por semana para leer acerca de lo que a mi me interese. La variedad es fascinante, monografías, revistas, ensayos…y por suerte gran parte de la biblioteca está en inglés e incluso una parte bastante importante está en español, con revistas El Croquis, y publicaciones sobre Siza y Ferrater en particular (deben ser del gusto del jefe). Además el local está tan bien organizado que la actividad del estudio, las instalaciones de la pequeña cafetería y la biblioteca se mezclan sin interferir unas con otras. En cuarto de carrera un profesor me puso problemas al unir la zona de lectura y la cafetería en un mismo espacio, así que cada vez que voy, además, disfruto del regustillo de la venganza, que no está mal tampoco.

IMG_1711El segundo sitio es el Sankeien, un pequeño parque situado en el distrito de Naka (Mordor para los amigos), que era propiedad de un mercader de seda, Sankei Hara, que compró diferentes edificios de Nara y Kyoto y los colocó en diferentes puntos del parque. Este parque es una pequeña “Kamakura”, lo último que esperas encontrar en mitad de la zona más industrial de Yokohama, llena de refinerias y depuradoras. El parque consiste en un gigantesco jardín oriental con un lago alrededor del cual se sitúan las construcciones y algún que otro pabellón. Está lleno de carpas y de parejas que se hacen las fotos de boda en los jardines.

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“¡NO PICTURES! ¡¡¡NOOOOOO!!!”
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Señoras a contraluz
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Un haiku en una roca.
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¿Os acordáis de lo que puse del tamaño de los bichos? Esa mariposa es tan grande como un saltamontes
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Old Tokeiji

La primera visita a este parque la hice con una asignatura sobre la cultura japonesa, que hace excursiones bastante buenas (de ahí mi interés), pero en un alarde de extrema inteligencia me llevé la cámara sin batería así que no pude echar ninguna foto decente, solo alguna que otra de mala calidad con el móvil. Como privilegio pude ir a una ceremonia del té, que fue un poco informal, porque los pasos rituales se hacían más o menos regular, pero nos prepararon un par de tazas de un te matcha riquísimo. Este té no es exactamente te verde, ya que sigue un proceso de molido y de cultivo diferente al del te verde que podemos encontrar en cualquier lado. Como consecuencia su precio es bastante alto, con lo cual eso de poder tomarte dos tazas fue un regalazo.

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Los dulces que nos sirvieron, con la imagen de la Pagoda del Sankeien

No solo hay un ritual para prepararlo bastante complejo, cargado de movimientos orientaciones y símbolos, para bebértelo también tienes que ejecutar parte del ritual. Después de tomarte un dulce de obsequio, tienes que recibir la taza de té, girarla dos veces hasta orientar el dibujo hacia ti, beber en tres sorbos y medio, haciendo mucho ruido al sorber el último. Para finalizar, limpias el borde donde has bebido con el indice y el pulgar y devuelves el dibujo a su sitio, colocando la taza en la mesa al terminar. Como os he dicho seguro que faltan muchos pasos, porque la ceremonia del té completa dura unas cuatro horas, pero estuvo bastante bien.

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tejas/tejas/tejas/

Además en el Sankeien me encontré una teja arrumbada y sucia en una ladera del parque, una teja moderna pero a semejanza de las antiguas, con inscripciones, así que ha sido la excusa perfecta para volver hoy (Efectivamente, in Diógenes we trust)

Tras perderme por un barrio residencial lleno de cuestas a 90º de inclinación, he conseguido llegar al parque, hacer fotos (por fin) y traerme la teja a casa donde darle un uso digno. Lo que no se es como voy a hacer para llevármela de vuelta a España. ¿Alguna idea?

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2 thoughts on “DÍA 49: Cicloturismo, biblioteca y tejicidios.

  1. no me mola un pelo que lo hayas cambiado para que no lo pueda leer desde el email.
    por lo demás, todo parece que mola mucho. de esa biblioteca me he enamorado.

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